Stop asking


De niño aprendí que preguntas como: Quién eres, cuál es tu historia, o qué esperas conseguir en la vida, eran fundamentales si se esperaba conocer a una persona. Sin embargo, últimamente no puedo sustraer de mi mente la idea de que hay encuentros en los que esas cuestiones pasan a un segundo plano, pues un breve momento basta para tener dejarse seducir por ese camino que se insinúa tentador a primera vista; que hay miradas que valen más que mil frases de cajón; que hay contactos leves de piel que liberan más energía que una explosión nuclear; que hay extraños silencios que dicen más que horas de conversaciones; que hay una comunicación indescifrable entre dos cuerpos que  juegan a dejarse atraer cual imanes.

Si me preguntas por que razón estoy escribiendo esto, o por qué no he podido olvidar tus manos desde que las tuve entre las mías, o por qué no he podido olvidar tus tímidos dientes, tus labios, y la forma como con ellos me hablabas; sin el más mínimo ápice de vergüenza, debo admitir no tengo una respuesta. Sólo sé que lo hago, y que ese recuerdo me hace feliz; tanto que me hace sonreír como alienado a cualquier hora del día; tanto que rivaliza con cualquier otra actividad que me proponga llevar a cabo; tanto que termino temiendo por el peligro que supone abandonarse en los brazos de tan incierta empresa.

Es posible que todo lo descrito no exista más que en mi cabeza, es posible que mientras para mí ocurría un evento singular, para ti no sucedía nada fuera de lo común. No obstante, me gusta pensar de que de alguna forma, mi presencia en tu vida no es algo tan ordinario; que una parte de ti tampoco ha dejado de pensarme, que me necesita y que sabe que lo único que debe hacer, es dejarse sorprender.

Si te preguntas a dónde va a parar todo esto, no pierdas tu tiempo: tampoco lo sé. De lo que sí sé, es de esta atracción que a duras penas puedo contener, de esta necesidad de perderme en el laberinto de tu mente, de este deseo de explorar cada rincón de tu alma. Y aún sin saber si por lo menos me dejarás intentarlo, he decidido, aunque sea por esta vez, dejar de hacer preguntas y aprender nuevas formas de conocer, de descubrir, y por qué no, de amar.

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I just don’t care


“Nosotros, que comprendemos la vida, nos burlamos de los números.” (Antoine de Saint-Exupéry, El principito)

No me interesa tu color favorito,

Mucho menos un número al azar que consideras singular;

Tampoco tengo interés alguno en tu fruta preferida, tu plato predilecto o si prefieres salsa rosada o BBQ.

También me importa muy poco si naciste bajo el signo de acuario, sagitario o piscis;

De hecho,  me es indiferente el día que naciste y en el que al parecer es, el único en el que te sientes importante.

¡Eres un tonto! – Replicas-

Lo soy -Te lo confirmo-.

Soy tonto pues no necesito enterarme de cifras ni de nimias preferencias que inducen a los incautos a abrazar la falsa idea de compatibilidad. Tampoco las necesito para sentirme identificado con lo que eres, pues estoy convencido de que una conexión a niveles  tan insignificantes no me llevaría más que a una experiencia pasajera, superficial, engañosa e intrascendente.

Espero más de ti:

Espero saber qué te hace sonreír,

Qué canción te hace bailar de forma involuntaria,

Qué te aflige hasta los huesos,

A qué le temes,

Que es lo que más amas,

Quien te gustaría ser,

Cómo te gustaría que te recordaran,

A qué no le puedes decir no,

De qué te arrepientes,

Qué odias con toda tu alma,

Cuáles son tus luchas,

Cómo amas,

Cuál es tu pasajero oscuro.

Discúlpeme señorita, pero no me interesa tener toda aquella información de la que ya disponen todos los que estuvieron aquí y que se fueron engañados pensando que partían con las manos llenas de lo que creyeron que eras tú, pero que en realidad llevaron completamente desnudas pues jamás te conocieron.

Te quiero a ti, quiero tu esencia, eso que sólo se da a un verdadero amante, a un compañero, a un confidente; a alguien que se siente incapaz de aceptar aquello con lo que el resto del mundo se suele conformar. Quiero todo aquello que se encuentra velado a los ojos de los que no saben qué buscar ni dónde mirar, pues sus ojos están acostumbrados a la oscuridad, a lo cotidiano, a lo regular.

No quiero que al enfocar mi lente un día cualquiera, encuentre solo números errados y cálculos equivocados. Quiero saber que vi algo real, algo coherente;  algo que será capaz de trascender los recuerdos y permanecer inmutable ante las innumerables miradas que haré en el futuro desde todos los ángulos posibles.

Alguna vez me preguntaron, ¿Si puedes tener mi cuerpo cuando quieras sin lastimarme, por qué insistes en tomar mi corazón? A lo cual respondí: porque lo primero lo puede tener cualquier hombre que tú desees, pero lo último, sólo lo tendré yo.