3, 2, 1…


Silencio. Incredulidad. Shock. Y finalmente: vacío.

Pocos momentos son tan impactantes en la vida de un ser humano como aquellos en los que se siente que “se cae el suelo bajo los pies”.  Ningunas palabras describen mejor lo que se experimenta cuando nuestros escenarios más temidos abandonan las pesadillas y oscuras fantasías para materializarse en el mundo real, eventos para los que no se tenia ni un ápice de preparación: La muerte repentina de un ser querido con toda una vida por delante, el despido de un trabajo en el que se esperaba ser el empleado del mes, el repentino ‘Adiós’ de una persona con la que se pensaba estar el resto de tu vida.

La tierra bajo tus pies no se inmuta,  sin embargo, aparece esta la sensación de que todo se ha derrumbado, de que quedas suspendido en el espacio y en el tiempo con un solo pensamiento fijo: “Esto no esta pasando”, los latidos de un corazón que martillea tan fuerte que sientes que va a salir del pecho, el sudor intenso de las manos que no cesa, el silencio abrumador de los alrededores, el impresionante vació en la zona abdominal. Literalmente, es como si la película de la vida se pusiera en pausa y continuara en una hecatombe de dimensiones apocalípticas ante la cual preferirías dejar de existir, antes que ser el protagonista.

Cuando nos aferramos demasiado a un lugar, a un trabajo, a una casa, a una persona, a un momento, la vida nos sacude violentamente; nos recuerda (con dolor, pues lo que no se aprende con sangre se olvida fácilmente) que todo es efímero; nos  quita aquello que por temor a ser miserables rehusamos a soltar;  nos deja frente a una decisión simple, que generalmente terminamos agradeciendo: Avanzar o morir.

Casualidades


Misterios que se disfrazan de casualidades,

Casualidades inesperadas e inexplicables;

Casualidades que esperas cada noche cuando todos se han ido;

Casualidades que se tornan peligrosas, sabes que son adictivas;

Casualidades que convierten la decodificación en un deleite aun por encima del mensaje escondido bajo los símbolos;

Casualidades que te hacen sentir que vale la pena ser diferente;

Casualidades con las que te gustaria compartir esos espacios inaccesibles para el resto mundo;

Casualidades que desearías que trascendieran;

Casualidades que no desearías perder, pues son irrepetibles;

Casualidades por las que agradeces al destino, a un dios, o al caprichoso azar;

Casualidades abstractas, dementes, venenosas y únicas,

Como tú.

Night, beautiful night.


No es de extrañar que un gran número de personajes cuyos nombres no olvidará la historia escribieran, compusieran, pintaran, delinquieran o se entregaran a la lujuria más salvaje en el amparo de un periodo especifico de tiempo, el más oscuro de nuestro planeta: La noche.

Quiero pensar que desde la invención de la dualidad bien y mal, asociada a los colores blanco y negro, y encasillada en los periodos de día y noche; a los amantes de éste último se nos condenó, casi que por extensión, a todo lo considerado oscuro por la moralidad humana. Es así como los bandidos encuentran su paraíso en las poco habitadas calles citadinas, los amores prohibidos encuentran refugio en las tinieblas que invaden las habitaciones, y las mentes más siniestras encuentran en la luna radiante, bendición para sus nefastas maquinaciones.

¿Pero qué hay de todo aquello que en apariencia no está regido por la oscuridad moral? ¿Qué pasa con los poetas embriagados de la plateada luna y el tenue aspecto que adquiere el mundo en este periodo de tiempo? ¿Y qué hay de los que en la tranquilidad de un laboratorio encuentran respuestas que permanecian veladas a la ciencia? ¿Y qué de los que del silencio -cuyo reinado tiene esplendor en estas horas- ven nacer magnificas sinfonías? Ah, la belleza de la noche… Sin importar lo que su oscuridad indique, su silencio propicie, y la ausencia de vida represente: la noche siempre contendrá a la vez luz, belleza, plenitud, amor, arte, virtud.

La noche es libre en cada sujeto que se deleita en ella, es diferente para cada ser vivo que la habita y que la redefine para sí, adquiere valor en función del individuo que la percibe y le asocia sensaciones únicas, como las que creo mías: esas en la que la oscuridad me seduce, me susurra al oído diciendo: “Disfrútame… Víveme… Aprovecha las contadas horas que te obsequio para hacer aquello que el día con su afán y la humanidad con su asfixiante compañía  te impide… sé feliz bajo la complicidad que te ofrezco, en la inspiración que te proveo, en el solaz que te proporciono”, sensaciones que me impelen a escribir estas líneas acompañado del frio que invade mi cuarto a esta hora de la madrugada, el oscuro firmamento divisable desde mi ventana, y… no, esta noche me oculta su rostro aquel satélite plateado. Tal vez mañana.

Pendejadas cósmicas


Siendo las 2:16 minutos, recién pasadas las horas nocturnas del domingo, escribo.

Mientras estoy aquí sentado frente a la pantalla de mi computadora, ella duerme, o mira por su ventana, o llora, o lee,  o escribe, o dibuja.  Sin embargo, y a pesar del contraste, también en este preciso instante existimos y posiblemente sin conocernos, nos amamos, y esperamos.

Una suave llovizna acaricia los árboles, los techos de las casas, los balcones, las plazas y las frías calles de Medellín. Aquí adentro, me abraza la esperanza. Esa que me acompañará hasta mi lecho y será la responsable de que abandone mi jornada pensando que aun el  azar, dueño y señor del universo, puede contener un orden inexplicable.

Pd. La culpable de la pendejada que acabo de escribir eres tú, y por supuesto,  ‘ Le Fabuleux Destin D´ Amelie Poulain’.

No lo sé


‘No lo sé’,

Diminuta frase que con tan sólo tres sílabas engendra múltiples denotaciones:

La aplastante mayoría la traduce como  un desconocimiento insultante; otros tantos, como incapacidad; y no falta aquél que la interprete como incompetencia.

Pero para unos pocos, ésta frase obliga respeto;
Ese que brota espontáneamente ante alguien con la sabiduría suficiente para reconocer ante el mundo que su capacidad de conocer, es finita.

‘Sólo sé que nada sé’,
Ya lo decía un Ateniense
que para hacer justicia,
distaba mucho de ser un ignorante.

Rangoon 1927


Generalmente utilizo esta bitácora para expresarme a traves de textos propios. Hoy haré una excepción pues creo que este fragmento de ‘Rangoon 1927’,  refleja una busqueda… MI busqueda.

 
…Fue así, la encontré cerca
de los buques de hierro
junto a las aguas sucias
de Martabán: miraba
buscando hombre:
ella también tenía
color duro de hierro
su pelo era de hierro,
y el sol pegaba en ella como en una herradura.

Era mi amor que yo no conocía.

Yo me senté a su lado
sin mirarla
porque yo estaba solo
y no buscaba río ni crepúsculo,
no buscaba abanicos,
ni dinero ni luna,
sino mujer, quería
mujer para mis manos y mi pecho,
mujer para mi amor, para mi lecho,
mujer plateada, negra, puta o pura,
carnívora celeste, anaranjada,
no tenía importancia,
la quería para amarla y no amarla
la quería para plato y cuchara,
la quería de cerca, tan cerca
que pudiera morderle los dientes con mis besos,
la quería fragante a mujer sola,
la deseaba con olvido ardiente.

Ella tal vez quería
o no quería lo que yo quería,
pero allí en Martabán, junto al agua de hierro,
cuando llegó la noche, que allí sale del río,
como una red repleta de pescados inmensos,
yo y ella caminamos juntos a sumergirnos
en el placer amargo de los desesperados.

 
– Pablo Neruda