Cuando era niño…


“El mundo es nuestro patio de juegos. Cuando somos niños lo sabemos. ¿En qué momento lo olvidamos?”. Es la frase que escuché en una película y quedó grabada en mi mente dada la profundidad de la pregunta que plantea. Sobre eso quiero hablar hoy.

No sé desde que edad tengo recuerdos, de lo que si estoy seguro, es que tengo muchos, y para hablar de este tema, quiero hacerlo basado en mi propia experiencia.

Cuando era pequeño, mi más grande preocupación, y créanme que era lo único por lo que me detenía a pensar al final del día era, ¿Qué calzoncillos voy a usar mañana? Eso era lo único que detenía mi día. Fuera de eso, era un chico alegre que solo pensaba que roca saltar, en que charco bañarse o que frutas bajar de los árboles. No pensaba en que quería ser cuando grande, excepto cuando me lo preguntaban los adultos, y tampoco pensaba en lo raras que eran las chicas porque hasta ese momento solo me preocupaba el mundo: Mi patio de juegos. Todo lo quería saber, mi mente era una tabla rasa como lo menciona un famoso filósofo griego, dispuesta a ser tallada por el conocimiento que se me diera. Mis ojos siempre estaban abiertos, grandes dispuestos a ver todo y a disfrutar de esas cosas observadas. Mi mente era un universo infinito en el que cualquier cosa era perfectamente válida y posible, y mi imaginación era la nave que me permitía recorrer todos los rincones de ese universo.

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Pero fui creciendo, ya no solo me preocupe por mis calzoncillos sino por toda la ropa que llevaba puesto. Me di cuenta que era aceptado por la forma como hablaba, me vestía y pensaba. Ya sabía que no podía coger cualquier fruta que quisiera porque era propiedad ajena, y que no podía estar saltando en cualquier piedra porque si me caía me iba a doler. Y aunque seguía sin pensar en que quería ser esa tabla ya no era tan rasa, ya se iba llenando de talladuras que iban limitando ese universo que tenía en mi mente. Ya había reglas que cumplir, palabras que no debía decir, lugares a los que no se podían ir, y un sinnúmero de barreras que empezaban a limitar mi mundo. Aun así, me consideraba un niño feliz.

Luego llego la etapa en la que ya el mundo no era lo más importante sino las chicas que estaban en él. Así que ya no solo me preocupaba por mi ropa sino porque tenía que oler rico, porque tenía que usar mis zapatos lustrados y porque tenía que comportarme de cierta forma para llamar la atención de esas chicas. Descubrí el “amor” y lo coloco entre paréntesis porque no quiero entrar a aclarar las definiciones de amor, en ese momento era amor para mí, y eso era lo que importaba. Las mariposas en el estómago, las manos sudadas, la incapacidad para hablar, eran cosas nuevas para mí, y las categorice bajo la palabra amor. Paralelo a eso, siguieron viniendo más y más reglas y mucho, pero mucho más conocimiento. Ahora no solo había propiedad privada sino que se me dijo que era muy peligroso violar esos territorios. Mi imaginación poco a poco quedo refundida solo para mí y en momentos muy especiales y por ningún motivo para los demás. Ese universo que era ilimitado, ahora se estaba encogiendo, ahora entraba a ser parte de la sociedad, de una sociedad razonable en las que las preocupaciones están a la orden del día y el dinero es lo más importante.

Mi siguiente paso fueron las decepciones amorosas, ahí me di cuenta que el amor no era solo algo bello, un fenómeno especial que nos hacía sentir en las nubes, sino también un fenómeno doloroso y que también nos podía hacer caer duro a la tierra. Ahora me di cuenta que todo no era tan bello como parecía, ya las chicas no eran esas princesas que querían ser rescatadas de sus castillos sino que eran chicas que les encantaba ver sufrir a estos sujetos en su intento por rescatarlas. En ese momento ya me preguntaban muy frecuentemente que quería ser cuando creciera, y me preocupaba que disfrutara hacer tantas cosas que no sabía por cual decidirme, así que en distintos momentos de esa etapa fui policía, bombero, médico y hasta veterinario. Ya sabía que para cumplir mis sueños necesitaría dinero, pero también pensaba que sería fácil conseguirlo, que sería dueño de mis propias empresas. Además de todo eso mi universo que seguía amplio, tenía una condicional más: La religión. En ese momento había cosas buenas y cosas malas, en alguien que me miraba lo que hacía y lo que pensaba, vaya, que complejo. Ahora habían cosas que debía hacer y cosas que no. Y ya habían muchos más problemas aparte de mi ropa, ahora me di cuenta que para encajar en la sociedad debía usar máscaras, que aunque suena feo es la verdad, me di cuenta que debía ser cierta persona para encajar en ciertos grupos y aprender a cuando callar lo que pienso y cuando decirlo.

Hoy en día sigo pensando que la vida es bella, pero el mundo ya no es mi patio de juegos, es un poquito mío y de otras millones de personas que se creen dueñas de todo lo que existe. Sigo teniendo una imaginación que me permite viajar hasta donde quiero pero pocas veces puedo transformar eso a la realidad. Sigo pensando que las mujeres son lo más bello del mundo, pero que debo cuidar mis sentimientos porque hay muchas que no saben valorarlos y ahora tengo muchas cosas que me preocupan, por ejemplo,  lo que encontraré el día que muera, sobre lo que dejare en este mundo, sobre lo que seré, en lo que me destacare, sobre que quiero hacer realmente el resto de mis días y en especial de donde sacare el dinero para conseguirlo.

Vuelvo a mi pregunta inicial, ¿En qué momento lo olvidamos? Yo creo que no es un momento en especial. Creo que poco a poco, las experiencias y las personas que nos rodean van cambiando ese universo con el que venimos al mundo y que es tan ilimitado cuando somos niños. Por eso en esa etapa de la vida nos divierte una simple burbuja o volar como superman o tan solo ver un arco iris. Nuestras mentes no saben ni les importan las limitantes, ni de qué color son las cosas, ni que los políticos son corruptos, ni que hay mujeres malas, ni ninguna otra cosas que nos impiden ser lo que queremos ser, todas esas cosas son, DE ADULTOS. Por eso es tan bello ser niños. Por eso nunca debemos dejar de aprender de ellos ni dejar de por lo menos desear, ser cada vez que podamos, como ellos.

La biblia dice en 1 Corintios 13:11 : “Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.” ¿Por qué debemos dejar de ser como niños? No digo que debemos pasar por la vida sin responsabilidades ni consecuencias, pero creo firmemente que si en más momentos de nuestra vida, pensáramos y juzgáramos como niños, ¡Cuan felices serian nuestras vidas! En estos momentos compramos un auto y no pensamos en disfrutarlo sino en la gasolina que debo suministrarle, nos casamos y pensamos en cuanto durará el matrimonio, vamos de paseo y pensamos en cuanto costará. ¿Qué pasa con nosotros?

Hoy no quiero que el mundo sea de nadie más sino MIO, mi propio patio de juegos.

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4 comentarios en “Cuando era niño…

  1. Afortunadamente no es un olvido total, hay momentos en los que el niño nos jala del pelo o nos tapa los ojos o nos sonrie… Por lo menos, en mi caso. Qué desventajas encontramos al crecer…

  2. Es lo que simpre digo… bueno no con semejante analogia pero es mas o menos lo que digo cuando digo, que cultivemos la amistad, que salgamos sin plata, que corramos a un parke, pero aqui el bobo soy yo….jajaja por pensar asi…que caja.

  3. Wow!!de veras, que bello escrito…me trasladó en cuestion de segundos a aquel tiempo en que jamás hubiera querido salir!!es cierto que aveces lo olvidamos…pero cuando no!se siente super!!cuando aveces hacemos uso de ese niño que llevamos dentro, en nuestro vivir!!

  4. Es un pensamiento muy profundo el que escribiste, me siento muy honrado de saber que tus palabras tienen mucha profundida y al igual que tu, ahora valoro mas el mundo de los niños. Ellos no fingen y no saben fingir y en verdad te dicen lo que tu eres y te aman sin restriccion y no como los como los adultos,que todo lo llimitan por su miedos. Aplaudo tu manera de ver el mundo y doy gracias al cielo por que yo vi parte de ese niño, y cuanto quisiera que el mundo volviera atras para tratarlo como un principe y decirle cada dia “Te amo”, poruqe fuiste creado como un principe por el cielo.

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